The Export Manager. La Hija del Embajador

Mi importador en Singapur organizó una comida (los sommelieres la llaman cena) en la casa del embajador chileno, algo típico para promover los vinos. El embajador tenía pinta de no haber dormido durante mucho tiempo y de hacer el evento de mala gana. No se si alguna vez sufrió una parálisis facial o algo por el estilo, pero apenas se le entendía lo que hablaba. El tipo era momio recalcitrante y había sido relegado a los confines de Asia durante los gobiernos de la concertación. Ahora que estaba la derecha en el gobierno estaba más entusiasmado que nunca con un futuro un poco más promisorio.

El embajador sólo bebía Gin Tonic y le gustaba hablar de política limítrofe, su gran pasión, por lo que poco y nada ayudaría a la promoción de la “industria vitivinícola chilena”. Un Export Manager sabe lidiar con todo tipo de personajes, pero este se me hizo insoportable de entrada. No así su hija, una veinteañera que pasaba sus vacaciones universitarias en la embajada. Durante la comida se sentó al lado mío. La jovencita sabía de vinos. Le gustaba el Pinot Noir y el Champagne, creía que el carmenere era un intento fallido por crear una imagen de Chile e insistía que los vinos argentinos eran 1000 veces mejores que los chilenos.

Yo estaba más interesado es su escote que en su charla enológica. Siempre me han aburrido un poco los wine lovers, los encuentro tan fomes como los que coleccionan estampillas o como los fanáticos por un equipo de fútbol. Si bien vivo de ellos y son ellos los que levantan y sepultan las marcas, creo que la venta de vino sería mucho más simple si no existieran. De un momento a otro la hija del embajador golpeó la cuchara contra la copa y pidió a viva voz que el Export Manager, yo, explicara en pocas palabras el uso de menores de edad en las labores de cosecha de las viñas chilenas.

El embajador estaba ebrio, por lo que no reaccionó. Un Export Manager de mi experiencia es frío como pescado y está preparado para cualquier tipo de pregunta (una vez me preguntaron si era verdad que Pinochet se comía a las guaguas, yo respondí que sólo la historia podrían contestar algo así). Me aclaré la garganta, agradecí a los asistentes haberme acompañado en el lanzamiento de mi nueva línea de reservas especiales y a continuación fui directo al meollo de la pregunta de mi veinteañera preferida: muchos de nuestros competidores sí lo hacen, mi viña es ciento por cien socialmente responsable y nunca haría una cosa así. La audiencia me aplaudió.

Esa noche seguí de copas con la hija del embajador. Pedimos varias botellas de vino y luego tomamos Veluga con hielo en un bar en el helipuerto de un edificio muy alto. Me habló de lo inútil de los embajadores y de lo aburrido que era la manera de promover los vinos chilenos. Que los australianos nos corrían mil cuadras en esto de la promoción. Yo le dije que talvez tenía la razón, pero que esa noche me importaba un pito lo que pasara con el vino Chileno. Por mi que el terremoto se hubiera llevado todas las cubas y yo me hubiera quedado encerrado en un hotel de Concepción junto con ella. Nos tomamos una última copa y nos fuimos a mi hotel.

Cuando desperté, la hija del embajador ya se había ido. El único rastro de su existencia eran 6 corchos que había dejado de pie sobre la mesa, en el mismo orden en que habíamos bebido cada una de las botellas durante la noche. anterior.

Comments

  1. menuda chorrada, eres un fantasma tio. Has pensado en dedicarte a escribir novelas basura?

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