The Export Manager. Vida de pareja
Acabo de recibir un email del equipo de Parker anunciando 91 puntos para nuestro vino icono de nombre mapuche (hoy hasta el mas pituco le pone nombre en mapudungun a su caldo más preciado). 91 puntos, ¡es una mierda!, no sirve de nada para vender vinos caros y mi director comercial lo sabe de sobra. Antiguamente se pagaban dos avisos en la Wine Spectator y automáticamente te daban mas de 92 puntos. Hoy hay que hacer malabares para que te ranqueen decentemente. Invitarlos a comer a los muy lamiscones, pagarles los pasajes a Chile, alojarlos en hoteles boutique, mandarles putas por las noches (por Dios que es difícil encontrar putas elegantes en Chile, son todas demasiado putas) o regalarles joyas si son wine writers mujeres.
Bueno. Dentro de mi gira por Asia, fui a presentar mis vinos recién ranqueados al hotel Peninsula en Bangkok. El importador había organizado una ronda de prensa. Ninguna periodista rica, puras gordas y con pinta de querer comerte con zapatos. El pendejo a cargo de ese mercado era un recién llegado a la industria, un sobrino de una amiga de la mujer del dueño de la viña, un tal Jorge o José o Javier, que tenía la nariz inclinada hacia el lado derecho y que hablaba un inglés atarzanado. Estaba ensimismado y no alcanzaba a reaccionar a las preguntas de los asistentes. Pedí permiso para ir al baño y me lo llevé de la mano.
¿Qué te pasa pendejo? ¿Echas de menos a tu mamá? Más te vale que empieces a vender botellitas de vino antes de que el año termine y la meta sea inalcanzable. ¿Con jetlag? ¿Has jalado alguna vez? ¿No está bien? ¿Quién dice qué está bien quien no en este baño de este hotel tailandés? Si huevoncito, yo decido lo que es bueno y los que es malo. Ahora agáchate, tápate uno de los hoyos de la nariz, como en las películas y jala. No mucho. O como quieras en verdad. ¿Cómo quedaste ahora? Concéntrate Jorge. Perdón, Javier. ¿Qué vamos a vender esta noche? Vino huevón, vino. Repite conmigo: vino, vini, Vinci. Mañana te cuento lo que significa.
Esa noche el pobre infeliz terminó con taquicardia y tuve que llamarle un doctor para que le diera un calmante. Gritaba que se moría, que no se había confesado, que aún era virgen, que quería hablar con sus papás. Luego calló dormido como una guagua recién nacida. Yo me quedé sentado en un sillón incómodo al lado de su cama, mirando la ciudad de noche y esperando que se durmiera. Al otro lado del canal había una cúpula dorada de alguno de esos templos que a estos infelices les gusta prender incienso.
Antes de largarme de la habitación del mocoso, pensé que me gustaría vivir en Tailandia y visitar diariamente esos shows en donde las niñas se meten hasta serpientes por el poto y luego visitar esos templos. Pensé también que a mi mujer le gustaría Bangkok. A ella siempre le gustaron las ruinas, los muesos y los templos. No viajé nunca más con ella desde que la llevé a una gira de promoción de nuestro vino ícono a Londres y en un momento de intimidad en la noche, cuando los dos nos habíamos emborrachado un poco, le conté que le había sido infiel. Ella me dijo que si era con putas no le importaba. Yo le dije que no solo con putas. Entonces me dijo que me fuera a la mierda, se cambió de habitación, adelantó el pasaje y se volvió a Santiago. Desde ese día que no viaja conmigo y tampoco me pregunta como me fue en mi viaje. Yo tampoco le cuento. Lo que no ve, no le hace daño. Así somos felices.
PS: Jorge, Javier o Joaquín renunció la semana pasada. En realidad, su mamá llamó a su amiga que es la mujer de mi jefe. Adujo problemas de salud. Yo creo que se asustó y quien se asusta, no es para esta industria.
better I start learning some spanish here ... Marcantonio
ReplyDeleteI will translate for you the next one.
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