The Export Manager. Desde el aló
Cuando tenía 15, nunca me hubiera interesado por una de las amigas de mi hermana de 10. A los 20 y ellas de 15, tampoco. A mis 25 estaba muy ocupado tirando con una compañera de curso que tenía la piel de gallina y los labios más carnosos del universo. A los 30 estaba casado. A los 40 separado. Hoy, no confesaré mi edad hoy, me gustan las más jóvenes que yo. El pasto verde es siempre más verde. Lo sé.
Estoy en Bali en estos momentos. Mi distribuidor es un chileno arrogante que se las da de intelectual y tiene un blog de lo más imbécil en donde cuenta sus experiencias en Asia y no para de hablar de libros y liberación y de política. El tipo es un imbécil, pero me compra, y mucho, y en realidad no sé por qué, porque yo no soy simpático con él ni el conmigo ni le doy mucho AP (nunca supe quesignifica AP, pero es como la coima que se le da a los importadores) ni mis vinos son tan buenos.
Me va a buscar al aeropuerto, me lleva a su oficina de mierda de paredes atestadas de pendones de sus otras viñas, me ofrece un cafe bali, un bodrio revuelto a la indonesiana, luego me lleva a visitar a sus clientes. Después me bota en mi hotel, uno que eligió él, uno barato y de mal gusto que paga él, con sábanas con olor a conjunto o a tigre. Luego me recoge para ir a comer y después me lleva a una de sus discotecas (suena bien discotecas y no discoteks) para que elija una de las cientos de putas de Sumatra, todo a su costo, todo a cargo de su bolsillo, que él mismo trae a Bali para sus karaokes y clubes de poca monta.
Ni tonto ni perezoso elijo una. Me dice que se llama Pink. Pienso, que nombre más imbécil. Me gusta bailar, me dice. Y bailamos. Pero bailamos. Bailamos sin cesar, como en esa serie del par de maricones chilenos, 31 minutos, sin cesar. Bailamos y ella me me roza la pija y me tiene caliente como una tetera. Normalmente las beso en la oreja, frente al mundo entero de la discoteca o del bar o de la casa de putas. No me importa. Pero esa noche trato y Pink no me da la pasada y ahí me quedo plantado, petrificado, congelado, en pause. Como el pilucho del estadio nacional. Y se va la muy puta. Y yo con la verga de cien metros.
Se va y no me dice nada. Y yo me enamoro. Perdidamente. Como un quinceañero. Le digo a mi importador que me consiga el teléfono de Pink. El me dice que no puede, que no la conoce, que no es del staff. ¿Lloro? Parace que sí, porque el importado me pasa un pañuelo y me dice no seas maricón y elige a otra. Y eso hago esa noche.
Elijo a una javanesa de unos 18 años, digamos 17. Tiene un culo pequeño, negro y virgen y que no lo suelta por nada del mundo. Yo le digo en inglés que alguna vez lo hará (you will give up your ass o algo así le digo) y ella me dice que por ningún motivo, que su culo es para su futuro enamorado. Cásate conmigo, le digo. Y me duermo en pelotas obre ella o la almohada o mi bulto de ropa. Como siempre. Me duermo y no sueño con nada que no sea mi familia de mierda. Y me despierto solo con el teléfono del hotel sonando, quizás desde que hora.
Es mi hermana. Me viene buscando por cielo mar y tierra hace horas. Andrés, ¿estás ahí? La mamá se murió. ¿Aló? La mamá se murió. ¿Me oyes? ¿Aló? ¿Aló?
ta fuerte J, pero felicitaciones, me gustó.
ReplyDeleteoscar