The Export Manager. Por el amor de una mujer

Jubilarse de ser un empleado bancario o de la bolsa de comercio o de una multinacional de gas natural o de una cadena de retail es fácil y poco traumático (es tan sólo aburrido y una mierda, pero fácil). En cambio, jubilarse de ser en export manager es traumático, dramático, doloroso, difícil. Por ponerlo en términos de escautismo (esa disciplina imbécil de vestirse como niño y actuar como imbécil), una vez export manager, siempre export manager. Tengo un colega que trabajó muchos años para viña Urruticoechea y acaba de jubilarse, no porque haya cumplido 65, sino porque su mujer ya no resistió más la vida de consorte de export manager.
La susodicha es una bella inglesa que aborreció Chile desde el mismo día que puso un pie en el aeropuerto pudahuel. Le cargó desde el cominezo el castellano, las mujeres ABC1, el parque arauco y el océano pacífico. Cada vez que mi colega salía de viaje, ella se aburría como ostra en Santiago. Los primeros años lo esperó pacientemente en su casa de callen Llavería con Vitacura, hasta que se colmó de no tener hijos, ni marido ni nadie que hablara inglés y decidió buscar trabajo. Primero se empleó en la embajada de australia y luego en una minera internacional.
Un buen día mi amigo venía llegando de la Expo Hong Kong y su querida mujer no estaba en casa. No había dejado ni nota ni mensaje en la contestadora ni mierda que se le pareciera. El venía entusiasmado y descargado. Desde Hong Kong había cruzado a Macao y se había emborrachado y acostado con una puta de mongolia (los dos coincidimos en que son las putas más bellas y tristes del mundo). En el aeropuerto había comprado un perfurme en un recipiente ridículo y cursi para su bella gringita.
Al principio creyó que se había escondido (solían jugar a ese tipo de tonteras cuando estaban hebrios de champaña). Cuando entendió que no estaba, llamó a su casa en Alaska (sus padres habían emigrado a USA hacía años ya). Le contestó ella misma. Le dijo que ya no soportaba más el exilio chileno. El le preguntó que chucha había en Alaska a parte de un par de esquimales cagados de frío y en franca extinción. Ella le dijo que ella y su mamá y su hermano y las canchas de patinaje en hielo y un sueldo que lo podría mantener a él y ella de por vida. El le dijo que no se iba ni cagando. Entonces ella le dijo que quería divorciarse, como en las películas. Como si fuera tan fácil divorciarse en chile, le respondió. Pero ella le cortó el teléfono y no le volvió a contestar más por unas buenas semanas.
Entonces mi amigo colega se volvió loco. De furia sobre todo. Ponerlo así entre la espada y la pared. Renunciar a sus 20 años de export manager para seguir a la mujer, a una mujer. Yo no lo hubiera tenido como opción, pero mi amigo estaba enamorado de la gringa. Habló con su jefe y él lo entendió, que el valor de la familia, que el valor de la unidad, que el amor de la pareja, que el futuro del país, blablabla. Le ofreció convertirse en el brand embassador de la viña allá en Alaska (un título ostentoso para una posición de consuelo).
Partió con su maleta de export manager a reconciliarse con su mujer y anunciarle que se quedaba con ella en esa provincia de mierda. Me lo topé en el lounge de Lan a la espera de su avión a su destino de mierda. Iba por el tercer whisky. Me contó esta historia. Me dijo nunca te enamores de una gringa que parten el corazón, me dijo renuncia antes de que te de un ataque o te echen, me recordó que lo bailado y culiado en sus viajes no se lo quita nadie y que a fin de cuentas, creía que era un hombre feliz. Me dejó invitadísmo a Alaska. Yo le dije muchas gracias mi viejo perro, te vamos a echar de menos en la industria. Cuando volví del baño de mear, mi colega ya no estaba.

Comments

  1. Por fin me toco una historia, ya llegue a Alaska, entonces me vienes a visitar o no?

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